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Rock al Parque 2024: La potencia de nuestras voces y los puentes que seguimos construyendo

14 nov 2024
3 min de lectura

Habitar el Parque Simón Bolívar en una edición más de Rock al Parque siempre nos llena de orgullo colectivo. Como el festival gratuito más grande de la región, este espacio no solo es un patrimonio vivo de Bogotá, sino un refugio cultural donde convergen miles de almas, diversidades y generaciones.


La edición 2024 demostró un esfuerzo muy valioso por ampliar el abanico sonoro y abrir la cancha a voces potentes, diversas e históricamente subrepresentadas. Desde Paroxis Histérica celebramos con entusiasmo estos avances, al tiempo que mantenemos encendida nuestra mirada crítica para seguir tejiendo un ecosistema musical más equitativo.


Lo que aplaudimos: apuestas de curaduría, potencia en tarima y diversidad sonora


El vigor de la escena internacional liderada por mujeres: La cuota internacional nos regaló shows memorables donde el protagonismo femenino fue indiscutible. Proyectos como Eruca Sativa (Argentina), con Lula Bertoldi y Brenda Martin al frente, dieron una cátedra impecable de poder de convocatoria, virtuosismo e identidad rockera. De igual forma, apuestas como The Warning (México) mostraron a una generación joven de mujeres apropiándose de las tarimas principales con solidez técnica y un arrastre masivo de público.


Diversidad de géneros y descentralización sonora: Valoramos especialmente cómo la edición 2024 abrió espacio a fusiones e identidades que desafían el molde tradicional del rock duro. La inclusión de proyectos donde convergen la voz femenina, el folklore, la experimentación técnica y el punk local permitió escuchar relatos diversos sobre resistencia, territorio y vivencias corporales.


Agrupaciones distritales con sello propio: Las convocatorias locales volvieron a probar que las bandas bogotanas integradas por mujeres o con liderazgos femeninos son el verdadero motor del festival. Ver esa entrega en los escenarios alternos reafirma que la autogestión de las colectivas y músicas locales está dando frutos sostenidos.


Apuntes desde la interseccionalidad y el feminismo


Reconocer las luces del festival es también la mejor forma de acompañar sus transformaciones. Con un espíritu constructivo, identificamos puntos clave para seguir impulsando en futuras ediciones:

  • Distribuir la visibilidad en las franjas de cierre: Si bien celebramos la presencia de bandas lideradas por mujeres, varios de estos actos estuvieron ubicados en franjas de la tarde. Un paso fundamental para afianzar la paridad es confiarles de manera recurrente los horarios nocturnos y los cierres estelares de los tres escenarios, reconociendo su enorme capacidad de convocatoria.

  • Mirada interseccional en el cartel: La perspectiva de género se enriquece cuando abraza la diversidad racial, territorial y de clase. Sería muy valioso profundizar la inclusión de mujeres e identidades feminizadas afrodescendientes, indígenas y disidentes, garantizando que el cartel refleje la verdadera complejidad social de nuestra región.

  • Seguridad y cuidado colectivo en el parque: El éxito en tarima debe respaldarse en el territorio. Celebramos las iniciativas de pedagogía en campo e invitamos a fortalecer los Puntos Violeta y los protocolos contra las violencias de género en el público, de modo que habitar el pogo sea una experiencia plenamente segura y gozosa para todas.


El balance de Rock al Parque 2024 nos deja con el corazón encendido y la certeza de que las cosas están cambiando. El talento femenino e interseccional no está pidiendo permiso: está llenando plazas, liderando proyectos y sosteniendo la memoria musical de nuestro país.

Agradecemos a la organización del festival por los valiosos pasos dados y nos sumamos a la labor colectiva de seguir construyendo escenarios donde cada vez más mujeres e identidades diversas sean dueñas del micrófono y del amplificador.


¡Que el ruido siga siendo nuestro espacio de libertad y encuentro!


De izquierda a derecha: Jorge Cáceres, Roxana Restrepo de Kraken y Karen Ortiz.
De izquierda a derecha: Jorge Cáceres, Roxana Restrepo de Kraken y Karen Ortiz.


 

 
 
 

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