Entrevista a la Dra. Manuela Calvo, investigadora argentina
- Paroxis Histérica
- 25 ago 2021
- 16 Min. de lectura
Actualizado: 4 sept 2025
A continuación se presenta la entrevista transcrita realizada a la Dra. Manuela Calvo, en el marco de una alianza establecida con Chucho Córdoba del blog Metal to the bone.
La Dra. Manuela Belén Calvo, Becaria posdoctoral CONICET e integrante de la Red de Estudios y Experiencias en y desde el Heavy Metal, acerca de su vínculo de la academia con el metal; su proceso de reflexión y autocrítica desde su lugar de enunciación como fanática del metal; la importancia de los estudios de género en el metal; su capítulo ‘Metal and Politics in Argentina: A Study into the Audienceship Surrounding Ricardo Iorio’ en el libro ‘Heavy Metal Music in Latin America: Perspectives from the Distorted South‘ y mucho más.
¿Cómo surge esa intención de investigar sobre metal, de volver eso tu objeto de estudio?
Surgió mientras estaba haciendo la Maestría en Culturas y Literaturas Comparadas, en el momento en que teníamos que elegir qué tema de tesis íbamos a realizar. A mí en un primer momento me había gustado seguir indagando en el Realismo Mágico. Como tenía mi antecedente de estudios en Letras, en Literatura, había empezado a pensar un tema vinculado con el Realismo Mágico y demás. La directora de la carrera, que era la que nos aprobaba o no los temas, no me lo aceptó y nos dijo: “ustedes que son más jóvenes, ¿por qué no buscan objetos más innovadores?”. En ese momento yo tenía 23 o 24 años, no recuerdo, y era una de las más chicas de la Maestría. Entonces ella nos incentivaba a buscar algo que sea nuevo, diferente. Y así, un poco en chiste, dije que a mí me gustaba el metal. “Escucho metal, soy súper fanática del metal y hay algunas conexiones con la literatura”. Lo dije medio en broma, pero me dijo que sí, que siguiera con ese tema. Ella me brindó la posibilidad de que se convierta en un objeto de estudio. Era comparar a la literatura con el metal, y fue ahí que empecé a hacer los recortes.
En un primer momento analicé un disco de Blind Guardian comparado con ‘El Silmarillion’ de Tolkien. Observé cuáles eran los recursos utilizados por parte de la banda para recrear esa obra literaria. Así me fui trasladando a pensar cómo abordar este nuevo objeto de estudio que en realidad no era el metal, siempre era algo vinculado al metal. Finalmente para la tesis decidí investigar a la banda Almafuerte y, a medida que iba analizando los discursos de la banda, las letras, los discos, el impacto que tenía también en lo que después llamé escena, pero que en ese momento lo pensaba como una comunidad, como una cultura, y la forma en que la audiencia respondía a esa banda, fue ahí donde se fue conformando el objeto. Nunca pensé al metal como un objeto aislado, sino que se fue construyendo a medida que fui transitando esa experiencia de pensar un objeto de estudio. Fue ahí, casi que de casualidad. La decisión viene más que nada por el gusto personal, por la motivación y la posibilidad que me brindó esta mujer de pensar en mi propia experiencia como parte de un objeto de estudio.
¿Por qué escogiste Almafuerte?
Me acuerdo que en un momento había hecho como una especie de mapa donde había pensado en Blind Guardian con Tolkien. Después, en un seminario que tenía que ver con la mitología hice un trabajo sobre la mitología vinkinga y Amon Amarth. Entonces observé que en distintos países hay conexiones con lo folclórico, lo mitológico. Mi relación con el Realismo Mágico venía con esto de poder mirar a lo ancestral, a lo que tenía que ver con la tierra, con lo mitológico y mi interés en ese momento venía por el lado de Latinoamérica. Pero después, pensando en el metal, veía que hay muchas bandas que encuentran como fuente de inspiración el folclore de sus países de origen. Entonces, empezando a hacer una especie de mapa, fui encontrando diferentes bandas y en Argentina la que tenía la relación más clara con el folclore era Almafuerte.
Gracias a la orientación de mi director de tesis de ese momento, el antropólogo Gustavo Blázquez, que me dijo que era necesario recortar y dedicarme a una sola banda porque iba a ser inabordable pensar en tantas bandas, tantos contextos, así fue cuando me decidí por Almafuerte, la banda que tenía más cercana, que es del país donde estoy viviendo y la que también conocía más. A partir de la orientación de este antropólogo fue que pude aprender y acercarme a lo que era la metodología etnográfica, que era algo que no tenía en mi bagaje de estudio. Así fue que encontré que pasaban otras cosas con Almafuerte. No era solamente lo que la banda escribía, pasaban muchas más cosas.

Mencionas que, como persona aficionada al metal, naturalizabas algunas perspectivas o prejuicios, por lo que fue necesario hacer un retroceso, un proceso de concientización para poder analizar mejor y no estar tamizado de ciertos prejuicios. ¿Cómo llegaste a ese proceso de mirarte críticamente y poder limpiar esa mirada anterior? Y cuando estudiaste el pregrado, ¿tuviste cursos feministas, te acercaste a teorías feministas en la universidad o a colectivas feministas o eso vino después?
Mi primera carrera fue Profesorado en Lengua y Literatura. Lo hice en un profesorado de orientación católica. Toda mi vida, desde la infancia, también recibí educación católica. Fui criada en una familia que, tanto por parte de mi padre como de mi madre, eran realmente practicantes de la religión y de todo lo que tenía que ver con la creencia. Cuando terminé la escuela, me obligaron a decidir entre trabajar y estudiar. Yo soy de una ciudad del interior de la provincia, no vivo en Capital… Y en ese momento pasaba mucho que las personas se iban a vivir a Capital o a La Plata que es otra ciudad con universidad, a realizar la carrera que les gustaba. Mi familia no tenía posibilidades económicas para que pudiera ir a la ciudad capital y ahí estudiar. En ese momento las carreras que más me interesaban tenían que ver con el periodismo y al final, como necesitaba decidir qué hacer (en ese momento me gustaba mucho escribir literatura y desde los 12 años hasta los 25 escribí mucha poesía), decidí estudiar algo que me permitiera seguir pensando y escribiendo, que eran las cosas que más me gustaban hacer. Entonces mi familia, cómo se sentía culposa que no pueda realizar mi sueño de estudiar periodismo en la ciudad capital, decidieron que la manera de compensar esa falta era pagándome una educación privada, que fue un poco con la ayuda de mis abuelos, como un legado. Me brindaron la posibilidad de pagarme los estudios y el instituto privado que había en mi ciudad era católico.
La cuestión no era que adoctrinaban, porque de hecho tuve materias como Teología que lo interesante era que había algunos religiosos que daban esas materias que eran bastante cuestionadores, entonces pasaron situaciones medio extrañas… La cuestión es que, más allá de que no era que nos adoctrinaran en el catolicismo, la intervención fue borrar las teorías o los aportes que tenían que ver con otras miradas que eran las no permitidas por el Catolicismo. Fue por esto que no me acerqué a las lecturas del feminismo hasta después del doctorado. Eso es muy curioso porque durante la maestría tampoco tuve ese acercamiento.
En el doctorado, cuando hacía el trabajo de campo, la etnografía, me acercaba a situaciones que no sabía cómo abordarlas, cómo entenderlas. Creo que en ese momento también me ayudó mucho que estaba el movimiento #NiUnaMenos, entonces comenzó a circular mucha más información acerca del feminismo, de lo que era la violencia por motivos de género. Empezaron a circular socialmente de manera más amplia cuestiones que antes no lo hacían. Eso me hace mirar hacia atrás, mi educación tanto formal como la que recibí en mi familia, que no tenía que ver con el feminismo. Mi ciudad tiene una idiosincrasia muy conservadora. Es una ciudad muy pequeña en donde el rumor y las cuestiones de lo pueblerino también pesan mucho. Es muy patriarcal.
Hace poco vi una entrevista que me hicieron en el 2017 y me preguntaron si no veía alguna cuestión de género en el metal, siendo mujer. Yo respondí: “No. Me siento bien, no me siento discriminada”. ¡Realmente no lo veía! Me sentía integrada en ese mundo. Sin embargo, a partir de esta información que circulaba, de que una/o se empieza a preguntar y se empieza a acordar de cosas que pasaron antes, empecé a pensar, por ejemplo, en un momento cuando quise acercarme a entrevistar a un músico y él tuvo otras intenciones conmigo, que no tenían que ver con la entrevista. Ahí necesité más herramientas para poder comprender y analizar esto. También entendí que mi experiencia de vida estaba realmente incluida dentro del objeto. Lo que a mí me pasaba durante la etnografía y todo lo que había vivido previamente también tenía que ver con el objeto. Entonces, al ver tanta incidencia de lo personal, fue que necesité leer más metodologías, más lecturas que me permitieran explorar. Porque la tesis no era yo, pero también tenía que entender que lo que yo era también implicaba. Fue un proceso complejo de separarme momentáneamente. Cómo hacer una separación productiva. Algo complejo.
Esto de autocuestionarse también me lleva a pensar, además en la necesidad de que la universidad abra sus puertas y empiece a pensar en otros modos de integrar a las personas que no tienen que ver con el ámbito universitario; sobre el cuidado que hay que tener en cómo se posiciona cada una/o de nosotras/os como investigador/a. No significa que tenemos una verdad absoluta. También somos personas con experiencias y solo mostramos un resultado de determinado contexto, de determinada situación… Es un momento en la vida, en el mundo, que se encuentra en constante cambio. Creo que es necesario empezar a desmitificar el lugar de la persona que investiga como aquel que tiene el conocimiento, la verdad absoluta porque no es así. No somos iluminados/as, sino que nuestro objeto es solamente un pedacito, un fragmento de algo más grande, simplemente eso. Que se muestre la multiplicidad de experiencias y de conocimientos. Todo depende de la situación y de las lecturas, es relativo.
En ese contexto católico, ¿cómo entraste al metal? ¿Como reacción, rebeldía? ¿Cómo te llega el metal y a qué edad te acercas a este género?
Tengo un tío, hermano de mi mamá, que es metalero desde su adolescencia. Entonces prácticamente desde antes de nacer conozco el metal, gracias a él. Pero más allá de eso, me acuerdo que por gusto y afinidad me empezó a gustar a los 12 años más o menos. Pero cuando realmente me integré al movimiento, por decirlo de alguna manera, fue durante la adolescencia, a los 14 años, porque en este contexto de educación católica en un instituto privado había muchas cuestiones de clase, muy fuertes. Mi familia no es una de clase media o alta, todo lo contrario. Realmente era un esfuerzo económico grande para ellos y su decisión había sido que recibiera ese tipo de educación. En esa convivencia con personas de otras clases, había muchas cuestiones de discriminacion muy fuertes de las personas que pertenecían a otras clases más altas hacia las que no. En ese contexto de tanta discriminación fue que ahí me sentí identificada.
Hoy en día, haciendo una mirada hacia atrás, entiendo que una parte de la decisión de acercarme al metal fue por esto de no poder encajar en ese modelo de feminidad que se construía en ese escuela. De hecho también era una escuela de mujeres, entonces convivía con mujeres cuya institución ya les asignaba el género femenino. Había muchos conflictos que tenían que ver con el género, pero también atravesados por la clase. Entonces se trataba de no identificarme con esos modelos femeninos que tenían que ver mucho con las telenovelas para adolescentes, con chicas súper cool, rubias, blancas, heterosexuales y súper amadas por todos los chicos de la escuela. Esas eran cuestiones que claramente no las percibía en mi vida. El metal me dio ese refugio de sentirme distinta y cómoda, y a su vez acercarme a varones. Si no fuera por lo que pasaba fuera de la escuela no tenía forma de sociabilizar con varones.
¿Por qué mencionas que el metal no termina de ser una contracultura? Y en ese sentido, ¿en qué términos podríamos referirnos al metal?
Porque, sobre todo en Latinoamérica el metal se acerca a la cuestión de la nación. Está muy marcado esto de utilizar al metal para construir identidades locales, pero en general no se construyen otras identidades locales previas a la nación. Está muy marcado esto de identificarse como metalero o metalera de Argentina, y me parece que sería muy difícil que eso deje de suceder. En la dinámica de cómo se construye la escena global del metal, las mismas personas tienen esa necesidad de vincularlo con la identidad local… No sé si habría que pedirle que se modifique. Pienso que también la riqueza está en las diversas maneras en que la gente lo interpreta, lo utiliza y lo pone en acción. Podríamos pensar, en mi opinión, cuáles son los peligros de que el metal se vincule con determinados sistemas, ver qué violencias son las que aparecen cuando se vincula con el capitalismo, el patriarcado. Creo que en esas cuestiones puntuales es donde uno podría preocuparse y buscar soluciones o cómo intervenir. Me parece que la misma dinámica de cómo lo usa la gente o cómo se identifica se escapa de nuestras manos, más allá de las lecturas que podamos hacer.
¿Por qué son importantes los estudios de género en la música metal y qué hacer para que las audiencias metaleras se acerquen a la lectura y estudio de estos?
Creo que es necesario para visibilizar la diversidad, las problemáticas y la discriminación que hay y que no se ven. La mirada centrada en lo masculino o en las prácticas de los varones heterosexuales, cis género, blancos y occidentales creo que también es algo que atraviesa a otros géneros musicales, no solo al metal. Entonces es una cuestión que se podría pensar en el rock en general. Todavía hace falta una revisión o una renovación de epistemologías que permitan observar, analizar y visibilizar también.
Con respecto al desafío de que otras personas por fuera de la universidad se acerquen a estas lecturas, a estos estudios, yo creo que también forman parte de los propios desafíos que tiene la universidad en general. En primer lugar, esto de no construirse como un espacio cerrado, con vocabularios cerrados y que solamente sean para la gente que transitan el espacio universitario. También está ahí el desafío de cómo la universidad se tiene que abrir a la sociedad y que no quede solamente en ese espacio de intercambio endogámico e intrauniversitario. En segundo lugar, como estrategia, se podría empezar a publicar o a divulgar mejor los trabajos que se han hecho; también buscar otros tipos de textos que no sean papers o artículos científicos, porque al fin y al cabo uno los escribe como parte de la profesión, porque es una obligación como persona que se dedica la ciencia. Tenés que publicar, es así, en ese formato. Pero tal vez se puede pensar en formatos que tengan que ver con la divulgación. Me parece que la estrategia de Nelson Varas-Díaz con los documentales es muy efectiva. Pensar en otros formatos, por ejemplo el podcast de Karen, Paroxis Histérica, me parece que es un gran canal de divulgación. Apostar a otros formatos nuevos… Está pendiente el trabajo de la REEHM, donde tratamos de hacer este intercambio con personas que también tienen ganas de contar y analizar desde su propia experiencia sin necesidad de tener un título universitario. Ahí está el desafío, comenzar a integrar personas con otras miradas que no estén vinculadas con la universidad. Me parece que eso es muy importante.
¿Qué debemos entender por el mito de la igualdad en el contexto de las escenas metaleras?
Cité ese concepto en el texto ‘Masculinidades y feminidades en la música metal’ por lo que vi en la escena, este deseo, anhelo y necesidad de nombrarse como una comunidad. Pero eso no significaba que dentro de la comunidad no hubiera desigualdades fuertes y conflictivas. En primer lugar, con el género claramente aparece, pero también con cuestiones de clase. Hay fuertes cuestiones de clase y de raza, en situaciones también tan pequeñas que son casi invisibles. Tal vez a ese concepto del mito de la igualdad lo reemplazaría por la idea del anhelo de la comunidad, lo cual es una moneda con dos caras: por un lado, ese anhelo de la comunidad tiene una parte positiva, que es la búsqueda de lo colectivo, lo grupal, lo colaborativo; el generar redes de intercambio, o de audiencias que se comunican y ayudan de manera colaborativa y directa a las bandas para que puedan difundir su material y puedan generar recitales. De hecho, hay muchos trabajos solidarios por parte de las audiencias y agrupaciones que son seguidoras de determinadas bandas. Esa sería la parte positiva de ese anhelo de comunidad. Pero la parte negativa es esto de borrar las desigualdades y las diferencias, creyendo que es una hermandad en donde todo está bien. De todos modos, no sé si eso se puede cambiar. Sí estaría bueno empezar a hablar también de esto.
Hay una cuestión que he visto en ciudades chicas, que es que la gente tiene miedo de hablar de estos aspectos negativos por temor a que la escena muera. Es una encrucijada, son situaciones difíciles. Hay gente que no quiere hablar de las cosas malas que pasan, porque piensan que la escena puede morir, se puede dividir y puede dejar de existir. Es súper complejo, no sé cómo se podría hacer para “solucionar” esto.
En tu texto mencionas la Unión Transfeminista en el Under (UTFU), ¿pudiste hacer más pesquisas al respecto, encontraste algo más sobre este ejercicio colectivo?
No, porque mi trabajo etnográfico fue hasta el año 2017. Si no me equivoco, la UTFU se formó en el 2018 o al menos empezó a visibilizarse ese año, en el momento en que crean un grupo en Facebook . Me quedó realmente como una tarea pendiente. El único acercamiento que tuve a ese colectivo fue a través del Primer Encuentro Sociocultural sobre Heavy Metal que hicimos en la REEHM en el año 2019, en el cual algunas de las chicas participaron. Pero ese fue el único acercamiento que tuve con ese grupo, porque realmente fue muy posterior al cierre del trabajo de campo.
¿Cómo está la escena bonaerense en términos de feminismos y metal? ¿Cómo es esa relación?
Poco conozco porque, como ya les dije, hasta el 2017 no había encontrado nada. Recorrí bastantes ciudades y no vi una relación directa. Me acuerdo, por ejemplo, que estaba haciendo la fila para entrar al recital de Testament en Buenos Aires y vi a una chica que tenía un chaleco con muchos parches y tenía uno con el símbolo del feminismo. ¡Me llamó tanto la atención el hecho de que había una chica feminista que escuchara metal! Para sorprenderme a ese nivel, de ese parche, es porque realmente no vi nada. Hasta el 2017 no encontré nada.
Ahora empezaron a aparecer muchas bandas, a visibilizarse, a tener más circulación. Probablemente en ese momento también había bandas, pero no tenían difusión. Es muy probable, porque la UTFU no se armó de un día para otro y seguramente las músicas de esas bandas ya habían tenido su trabajo con el feminismo desde antes del 2018, pero yo no accedí a ellas. No tuve contacto. Eso también es muy probable. Pero al menos en los lugares donde hice etnografía no encontré un vínculo con el feminismo.
Es bien difícil y complejo hablar de feminismo en el metal.
Me da la sensación de que hay muchas mujeres con miedo también. Primero, hay mucho desconocimiento, mucho prejuicio, pero también mucho miedo. Vi mujeres que formaban parte de estas escenas más pequeñas, pero la presencia varonil copaba mucho los espacios. Entonces pienso que hay mujeres que también tienen miedo de hacerse preguntas. Esto depende de experiencias súper personales y sensibles. Creo que no es una cuestión tan simple. Ahora, para el Congreso de Colombia: Devenir Monstruo, hice una pequeña entrevista a una integrante de las Madres Metaleras del Norte, para completar esta idea. Y me dijo que no estaba de acuerdo con las “feministas del pañuelo verde”. Esa fue la manera como las definió. Sin embargo, el trabajo que ellas hacían, como colectivo de mujeres, tenía una impronta feminista de la que quizás no era consciente. Entonces me parece que también puede suceder que hay mujeres que también están luchando por la igualdad de género, pero no lo saben o no se animan a nombrarlo en esos términos. Es muy complejo también y me parece que no debe pasar solamente en el metal.
¿Nos puedes contar un poco acerca del capítulo tuyo, ‘Metal and Politics in Argentina: A Study into the Audienceship Surrounding Ricardo Iorio’, en el libro ‘Heavy Metal Music in Latin America: Perspectives from the Distorted South’?
El capítulo del libro tiene que ver con la cuestión de Iorio, su acercamiento explícito a un político de la extrema derecha de acá de Argentina, que repercutió de múltiples maneras en la escena. Ese capítulo se basa en parte de mi tesis, pero lo que intenté fue hacer foco en la audiencia, en cómo repercutió eso en el público. La igualdad, ese anhelo que se buscaba, ahí se rompió explícitamente y visiblemente en el público. He visto muchos trabajos que analizan el metal en América Latina, pero en general hacen mucho hincapié en las bandas. Y claro, es muy interesante el trabajo de las bandas. Es necesario y con ellas se visibilizan cuestiones que tienen que ver con las culturas locales. Pero me parece que es necesario correr el foco y mirar lo que sucede con la gente que escucha. La cuestión de Iorio me pareció relevante, porque lo importante no era que Iorio estuvo con un neonazi tomando un café, sino ver qué hacía la gente con eso. Empezar a ver la actividad de las personas. No se trataba de que ahora Iorio se juntaba con un neonazi y entonces toda la gente que lo escucha es neonazi. Una mirada de ese estilo sería la de alguien que trata de criminalizar al metal. Una mirada que busca comprender a la escena, va a tratar de visibilizar que las personas deciden también por sí mismas, no van a hacer lo que Iorio dice. También hay quienes decidieron darle la espalda. Por ejemplo, decidieron no escucharlo más o llorar y sentirse tristes, porque esa música, esas letras los siguen emocionando, se siguen acordando de su adolescencia y, sin embargo, “este hombre pareciera que se olvidó de todo lo que dijo, de todo lo que construyó durante todos esos años”. Pero también aparece gente que piensa: “a mí me convence esto del nacionalismo”. También sucede.
En ese capítulo me basé en un análisis que hice en algunos grupos de Facebook en donde se ve mucho la rivalidad… Gente que lo apoya desde un lugar muy personal, que lo quieren rescatar como persona. Después hay otros que están totalmente decepcionados. Es interesante ver esa diversidad porque esa es la diversidad que compone la escena.
Tienes alguna proyección de nuevos artículos, estas considerando profundizar en algún asunto tal vez más adelante o si tienes alguna idea con la REEHM, ¿qué podemos esperar de la continuidad de tu trabajo académico y reflexivo?
En este momento estamos en la construcción del protocolo contra violencias por motivos de género en el metal. Nos está llevando bastante tiempo porque también creo que nos está tocando muchas fibras sensibles a nosotras. Es bastante denso por lo que implica, pero sin duda esperamos que esté finalizado y que lo tengamos a mano antes de que termine este año porque realmente es urgente.
Como investigadora, en este momento me encuentro publicando y escribiendo artículos basados en la tesis, en ese trabajo de campo, haciendo relecturas y demás. Pero mi trabajo de investigación actual tiene que ver con un evento estudiantil de Tandil que se desarrolla desde el año 1960. Es un desfile de carrozas y disfraces que se hace generalmente para el día del estudiante, el 21 de septiembre. Allí se realizan performances con coreografías, partes teatrales, mensajes. En esas performances dan cuenta de una construcción de género. También aparecen cuestiones que tienen que ver con la moral de la ciudad, con lo esperable de jóvenes buenos, sanos. A su vez, es una competencia y los jurados son personas adultas. Así que la mirada juvenil está bastante tamizada y acomodada a la expectativa del mundo adulto, porque al ser una competencia, buscan ganar y tienen que responder un poco a eso. En este momento estoy haciendo trabajo de archivo gráfico y periodístico de la ciudad, desde 1960, así que estoy encontrando muchas cosas súper interesantes. Pero claro, en el futuro quiero retomar al metal porque me encuentro con esas cosas que no vi en ese momento. Preguntas que ustedes me han hecho y que no puedo responder, creo que merecen volver para ver qué hay.



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