Entrevista a Noelia Adamo, investigadora de las escenas metaleras argentinas
- Paroxis Histérica
- 14 ene 2020
- 17 Min. de lectura
Actualizado: 4 sept 2025
A continuación se presenta la transcripción de la entrevista realizada a Noelia Adamo, investigadora de las escenas metaleras argentinas a través de una alianza de medios con Chucho Córdoba del blog Metal to the bone.
Hola Noelia. Queremos preguntarte si antes de los trabajos de investigación que has publicado sobre el cuestionamiento de las escenas metaleras, ¿sabes si alguien había abordado la crítica en Argentina?
Gracias a ustedes. Sobre el metal no se había abordado, pero sí en el rock. No había una organización, había intereses comunes, unas chicas vinculadas al mundo del rock que aunque empezaron desde la cuestión musical, no lo hicieron tanto desde la cuestión analítica, pero cada una fue hablando desde sus espacios. Mi formación filosófica, mi formación académica, ser parte de este grupo de investigación sobre Heavy Metal y también mi formación en el mundo del metal, mis vivencias, mis experiencias, fue la amalgama de todo. Yo creo que el feminismo es la propia vivencia y tu propio proceso de deconstrucción más allá de lo que vos leas. Lees, te impacta y de repente te empiezan a caer fichas y tu vida ya no es la misma, tu mentalidad cambia, te das cuenta de cosas y de eso se trata el proceso de deconstrucción. Uno empieza a ver críticamente ciertas cosas que traía naturalizadas. Todo eso que me había pasado internamente lo pude aplicar al metal porque tengo una formación para poder agarrar y definir un objeto de estudio, pero nunca mi intención fue escribir sobre este tema desde una mirada netamente académica. No me interesa eso, sino me hubiese quedado trabajando en grupos vinculados con la facultad y solo hablaría del feminismo en los espacios académicos.

¿Es decir que para ti es importante la militancia y la experiencia también?
Si, un poco la militancia. Pero creo que es más la propia vivencia. Cómo me sentí interpelada por la temática y cómo me empecé a vincular con mujeres que estaban haciendo música pesada en el país, empecé a mirar el recorrido de las chicas punks. Tengo muchas amigas punks que están metidas en la militancia feminista de mucho antes que estos temas se debatieran públicamente. Entonces, en Argentina el metal y el punk surgen, más o menos, en la misma época y cantan en contra de lo mismo. ¿Qué pasó que los recorridos no fueron iguales? Hay un abordaje del anarquismo que claramente lo pone más en contacto con el feminismo, que no lo tiene el metal, que no está acá ni en ningún lugar del mundo. No hubo un movimiento como las Riot Grrrl en el metal.
Empecé a hablar con músicas, con bandas y me contacté con las que tenía cerca o estaban en actividad. Pude contactar a músicas pioneras que ya están retiradas. Fue como ir por ahí y reconocerme a mí en cada paso de ese camino. Ver qué es lo que había ahí de mí. Creo que eso me permitió escribir, repensarme a mí como mujer metalera, más allá de mirar la escena y ver lo que estaba pasando. De hecho, hay bandas que me han dicho: «vos nos hiciste el aguante desde antes que supiéramos que éramos feministas». Tengo una amiga de una banda que me decía: «vos siempre nos hacías el aguante y nos hablaste de la mujer y nosotras ni a palo íbamos por ese lado» y después ellas hicieron su propio proceso deconstructivo. Estas chicas tal vez no se daban cuenta de la importancia del movimiento, pero en los tópicos de la banda se notaban ciertas diferencias. Todo eso me hizo vincularme con otras bandas abiertamente feministas.
¿Desde qué perspectiva puedes analizar las diferencias que se dan entre Colombia y Argentina cuando se trata de hablar de feminismo en el metal?
Creo que tiene que ver con las diferentes trayectorias de las chicas. Yo trabajo con Furias y cuando las conocí ya tenían la impronta militante, porque siempre fue el proyecto de ellas, no sabían por ahí cómo encausarlo, pero siempre sus letras hablaron de la violencia hacia las mujeres. Siempre las circundaba esa temática y esos intereses.
Lo que yo veo es que, particularmente el metal argentino -aunque ahora muchos digan que nada tiene que ver-, siempre estuvo muy arraigado a los reclamos sociales, a la política y no necesariamente una política partidaria, pero si es muy vocal en cuanto a una perspectiva política, a una escuela thrashera de atender la injusticia social, la injusticia económica. Eso está en el germen de las bandas de metal de acá, cualquier causa va a repercutir, tarde o temprano, en nuestro metal argentino. Me parece que la conformación de las escenas metaleras de otras regiones de Latinoamérica, tal vez no estén atravesadas de la misma manera por las cuestiones políticas. Pero es una suposición, no lo sé.
En Colombia hay bandas que denuncian abiertamente el tema de la violencia social y política, tú lo ves todo el tiempo y son muy claras. Pero sentimos que es muy difícil que una banda de mujeres, que haya sufrido discriminación lo reconozca y se autodenomine como feminista. ¿En qué momento en Argentina se dio ese giro para que las mujeres artistas se asumieran abiertamente como feministas?
Hoy se está volviendo a revisar en la Cámara de Diputados la Ley sobre la interrupción legal del embarazo. Nosotros tenemos un sistema en el que la ley tiene que ser aprobada en la Cámara de Diputados y luego en senadores para que se convierta en ley. Pero eso es una instancia muy importante porque es pasar por la primera cámara y esto también se dio en el año 2018 donde hubo una campaña muy grande de grupos feministas militantes que venían trabajando con el proyecto de ley del aborto, los proyectos de reconocimiento de la identidad de género y diversas cuestiones vinculadas no solo a las mujeres sino a las identidades de género que tomaron un estado público muy grande. Creo que ese marco permite que muchas chicas digan: «¡Basta, no me callo más!» y «digo lo que me parece».
Por otro lado, ocurre un movimiento de chicas, No Nos Callamos Más, de denuncia contra los abusos de músicos, no exclusivamente de metal sino más orientado al rock. Lo hizo, particularmente, una chica cuyo violentador está preso y condenado, y él no la violó solo a ella sino a muchas más, siendo menores de edad; por lo que se empezaron a abrir esos espacios para compartir y para construir conjuntamente. Las mujeres se empezaron a juntar y a organizar, y ciertas temáticas cobraron un estado público nunca antes visto. Eso crea un “caldo de cultivo” para que las chicas se sientan con la seguridad de decir lo que quieren decir, a pesar de todo lo que pueda venir, porque no es que se terminó la discriminación, el acoso, la violencia, sino que, a pesar de coexistir con todo esto, están las que dijeron: «¡basta!». Pero, para mí, está muy vinculado al tratamiento público, en primera plana, de temáticas vinculadas a la igualación de derechos de las minorías como mujeres, homosexuales, personas trans, el matrimonio gay, etc., muchas cosas más allá de la cuestión musical.
Como escena creo que la clave fue, un día, empezar a charlar para decir ¡basta! para que esto se termine. Es una cosa que nos pasa a todas las feministas, hay un momento en que te das cuentas que te hicieron creer que todas las otras mujeres eran tu competencia o eran malas y no podrías formar amistades genuinas. Y de repente, miras a tu alrededor y tienes amigas súper copadas, y eso te fortalece, te empodera.
También los territorios latinoamericanos están atravesados por otro tipo de cuestiones. Esto que te estoy contando pasa acá en Buenos Aires, yo no sé si en la Provincia de Salta, con una tradición católica muy fuerte, sucede de la misma manera. Como no lo sé en otras ciudades latinoamericanas que tienen esta impronta hiper religiosa, muy cristiana, que hace que haya un ahogamiento respecto de las cuestiones. También hay una cierta mirada del metal en donde hay cuestiones más urgentes, como que la violencia institucional es más urgente que la violencia contra las mujeres. No se atiende como si fuese una cuestión de vida o muerte, y sabemos que lo es.
Acá estamos pendientes para ver si la Corte Constitucional despenaliza totalmente la IVE. También hubo un caso de denuncias masivas por casos de abuso, acoso y violación donde estaban involucrados muchos artistas de la escena alternativa, incluido el metal, pero eso se diluyó por la misma escena y es muy triste porque una de las chicas que puso de presente estas situaciones se suicidó…
Ojo, acá tampoco. Pero, ¿qué pasa? No es lo mismo si es una sola persona a si diez personas dicen: «tal músico me hizo eso». Las chicas de No Nos Callamos Más empezaron a hablar entre ellas y se encontraron que hasta 14 chicas habían sido víctimas de la misma persona. Ahí es cuando se reconoce que no es un hecho aislado, que es un patrón, que no solo es ese músico, sino que es ese otro. Cuando alguna de ellas habló por primera vez, también se la tomó como una loca, que era mentira: «tal músico es mi amigo y él sería incapaz». Para mí, el escrache como herramienta individual no funciona, solo funciona como herramienta colectiva, cuando la justicia no te atiende lo único que tenés es el testimonio tuyo y el de tus compañeras. Hay muchas chicas que todavía están en un camino a descubrirse y lo primero que va a hacer cualquier escena es blindarse ante esas acusaciones. Para mí, la única respuesta posible, o el único camino de acción posible, es la acción colectiva, la asociación.
A las chicas yo les aconsejaría que se organicen. No nace de un día para el otro la fuerza. Yo tenía muchas naturalizaciones machistas respecto de la escena del metal.
No escuchar bandas de mujeres bajo el prejuicio de que son malas per sé es una situación muy introyectada, ¿no?
Pero porque no nos hicieron escuchar bandas de mujeres, no aprendimos a escuchar con un oído que nos permita disfrutar de la música, independientemente de quien la esté ejecutando. Y por supuesto, hay músicos que van a tener vía libre siempre.
También tengo sentimientos encontrados con respecto a la cultura de la cancelación, cancelar por cancelar. En el metal hay canónicos que no se los discute, o lo que pasó con la muerte de Maradona, el país se paró y sobradas pruebas hay de que Maradona era un violento. De cualquier manera, es las dos cosas, es el icono del pueblo y es un violento: es las dos. Y ahí es donde debemos tener esa mirada crítica con respecto a los ídolos.
Recordamos el caso de Los Espíritus y específicamente de Prietto ¿Tú qué opinas de ese hecho de arrepentirse y pedir disculpas públicamente, y luego continuar con la banda?
A mí no me gustan Los Espíritus y la escena del punk acá es súper hipócrita, sobre todo la escena de varones del punk y de consagrados. Hay un montón de encubrimiento, aunque de cualquier manera, como yo no soy víctima ni atravesé una situación de violencia dentro de esa escena, no voy a ir a señalar a éste o ése, no. Cuando toma estado público la cuestión, como el caso de Los Espíritus, yo no le termino de creer.
Una de las bandas que dejé de mirar con simpatía fue Mötley Crue, puedo escuchar una canción que me recuerde cuando era de chica y me divierto, pero yo no sé hoy si pago una entrada por ellos si se vuelven a juntar. Es demasiado todo lo que se sabe de ellos. Con respecto a Hermética, la figura de Iorio es polémica, pero no hay conocimiento de que él haya sido violador o violento, o por lo menos no a nivel público. Lo que sí pasa es que no para de hablar, como el otro día que subió un video con la hija diciendo: «sí a la vida». O como hace uno o dos años que salió a decir que había que clavarle un destornillador en el cuello a las feministas.
Me parece que uno tiene que ser crítico, yo le di la espalda, pero porque él hizo un recorrido ideológico que difiere del mío. Es una cuestión ideológica, no es una cuestión condenatoria. No lo estoy juzgando o condenando por un delito, sino que yo estoy en las antípodas ideológicas. No hubo una víctima de Iorio o un hecho en ese sentido. A mí me aleja su decir actual, me aleja que se saque fotos con neonazis y que apoye a partidos neonazis; me duele que haya escrito las mejores canciones que se podrían escribir en el metal argentino. Pero también, en este momento, él representaba otra cosa y por eso nosotros escribimos un libro que se llama Parricidas y hablamos de una muerte simbólica de Iorio.
A nivel ideológico, el ídolo se murió. Quedó el ser humano que está en mis antípodas ideológicas. Pero, por ejemplo, yo no puedo negar su obra en este caso; puedo elegir no escucharlo actualmente o no ir a un recital porque entiendo que tal vez me expongo a sus fans y la violencia que puedan llegar a tener ellos conmigo.
Con Iorio el caso es distinto y cada uno tiene que tomar una decisión. Para mí es imposible separar a la obra de la persona o artista, pero la mirada crítica me permite escuchar una canción sin necesidad de comprarles un disco hoy, o pagarles una entrada. No está mal y vos no tenés la culpa, como oyente de una banda, ni eres un adivino porque la violencia de género no tiene una marca distintiva, puede ser la cara de tu amigo, tu padre, tu hermano. El fenómeno de la violencia contra la mujer es tan complejo y está tan atravesado por la cuestión de lo público y lo privado también, porque las cuestiones de la pareja quedan en el ámbito de lo privado, lo doméstico, entonces cuando se trasladan a lo público lo hacen de manera desprolija y como se puede porque es difícil pedirle a la víctima que vaya a hacer la denuncia cuando la propia policía se te ríe o hay una revictimización. Si bien es necesario hacer la denuncia, es difícil hacerla porque es tomar conciencia de todo este proceso, pensar si uno está dispuesto a atravesar todo lo que implica eso. Todavía estoy tratando de tomar una única posición, es tan vivencial y es un problema que atraviesa tantas cuestiones complejas que a la vez es muy difícil no contradecirse.
Cuestionarlo y hacer la autocrítica está bien. Es un proceso permanente y de hablarlo con otros amigos, pero ¿qué pasa cuando te dicen que no importa el hecho violento cometido por el artista porque todos cometemos errores?
Todo bien con los varones que son aliados, pero no terminan de entender. Pueden ser totalmente empáticos y tener las mejores intenciones, pero no entienden que más allá de los micromachismos, nosotras vivimos los actos de violencia de una manera constante, permanente. En el extremo está la pérdida de la vida de un montón de mujeres que, por ser quienes son, nada más, pierden la vida. Ese nivel de que no podés caminar tranquila por la calle y que vives con miedo de los chavones alrededor, o escuchar que tus propios amigos hacen chistes que a vos te hacen ruido (yo antes me reía, ahora no me río, no me hace tanta gracia), es lo complicado. Pero el varón no es el enemigo, el varón sufre la violencia patriarcal y está sociedad patriarcal nos coloca en otros lugares, mujeres y varones, por eso es tan fácil que un varón sea el victimario.
Creo que Rita Segato, en el trabajo que tiene sobre Ciudad Juárez explica bien cómo ciertas presiones que están sobre la figura de lo que es el hombre, operan a la hora de ese resentimiento y saña con el que los varones violentos atacan a sus parejas y demás. Hay algo ahí que opera, de las exigencias que tiene la sociedad patriarcal en un mundo capitalista en donde a un hombre se le dice que tiene que ser proveedor y por ahí no tiene trabajo ni con qué sostenerse, entonces aparece la cuestión de clase atravesada, la cuestión del capitalismo atravesada.
Lo ideal sería que hagan su propio proceso de deconstrucción, que empiecen a pensar cuáles son sus limitaciones dentro del patriarcado, y cuáles son sus privilegios, sobre todo eso, que es poder caminar tranquilos por la calle, es básico. Hay una cosa que nos dicen: «ay, es que a los hombres también nos matan, también nos roban», si, pero no por ser hombres, ni porque dijiste «no» a estar con alguien.
Ahora que nombras a Rita Segato, ¿qué otras referencias teóricas o académicas feministas te han servido para abarcar el tema de lo público y privado en el metal o qué categorías de los feminismos has retomado?
Mis recorridos son súper eclécticos, pero como intelectuales del feminismo Judith Butler me parece fundacional, Simone de Beauvoir, aunque es más exclusiva del feminismo. Para cuestión de género en la música Lucy Green. También leí mucho un escritor feminista, muy foucaultiano en sus análisis, que es Paul Preciado que escribe sobre teoría queer. Entonces a mí lo que me generan son ideas y cómo poder pensar este concepto en este espacio de circulación que es el metal.
En realidad, nombré a las autoras que más me han interpelado, independientemente de si los utilicé o no en mis textos. Son quienes me han formado. Después, sobre estudios de metal, que no son feministas, está el libro Running with the Devil de Robert Walser que tiene un análisis de las masculinidades en el metal, muy interesante, pero es viejo, es de principios de los 90. En mi artículo lo que hago es retomar ese análisis de él y digo cuál de estas tres masculinidades que el metal construye se arraiga en Argentina. Lo uso como un marco teórico.
¿Has utilizado los planteamientos de la musicología feminista de España?
Sí, algunos textos los he utilizado, como: La construcción de las identidades de género en la música popular de Laura Viñuela Suárez. Creo que fue una de las primeras cosas que leí y lo retomo mucho en el artículo. Recientemente escribí un artículo que va a salir en nuestro próximo libro, también vinculado con la temática de género, pero como todavía no sale entonces de ese no puedo hablar.
¿Ese va a ser con el GIIHMA? ¿Cuándo lo sacan?
Sí. Calculo que entre marzo y mayo del año que viene, esa es la fecha estimada.
También leí un montón de cosas que no terminé usando, un montón de textos que hablaban sobre el mundo anglosajón que no es la realidad del tercer mundo. Por eso pueda llegar a sentir mayor cercanía con las experiencias de Río de Janeiro, de São Paulo, de Santiago de Chile, de Bogotá, bien Suramérica, urbanas y con sus particularidades, pero dentro de un contexto en donde los países tienen sus propios desafíos por ser países del tercer mundo. Tal vez tengamos más en común con bandas de metal de Sudáfrica o del continente africano que con la experiencia y los recorridos feministas del norte anglosajón.
España me sirvió para conceptos, ahora, cuando los análisis se centran en las escenas, en sus vivencias, ahí hay un montón de cosas que están disponibles pero que no me sirven. Me sirve más leer un artículo sobre música indie en Rosario que lo que pase en el metal en Finlandia o Noruega, en países donde no les falta la plata y las realidades van a ser siempre distintas. Ahora, puede ser una banda de migrantes y por ahí si podremos empezar a encontrar puntos en común, dentro de las propias exclusiones del mainstream. En fin, un montón de cosas que leí, pero que luego no me sirvieron porque era muy difícil anclarlas a nuestras realidades.
Hablemos de medios de comunicación ya que tú has estado trabajando en radio.
Yo trabajé en un programa de radio y trabajo en una de las revistas más importantes de música rock o música pesada aquí en la Argentina, o que en algún momento lo fue, que es Madhouse.
Desde esa experiencia en esa revista, ¿cuál es tu postura frente al rol de los medios de comunicación, oficiales o alternativos, frente a esa difusión del arte hecho por mujeres? ¿Crees que todavía se objetiviza, se hipersexualiza? ¿Qué estrategias hay desde las iniciativas autogestionadas para abordar esos temas?
Hay buena voluntad de algunos medios, a veces esa buena voluntad hace que tengan ciertas acciones de sobre compensación y de repente tenés un programa hecho por varones que te hace un programa feminista y son solo ellos hablando, o un periodista que comparte un balance de ‘Ni una menos’ y luego sale a hacerle la nota a esos músicos que ya se sabe que violaron menores de edad: «periodísticamente eso sirve», pero no les preguntaste nada sobre las violaciones. Ahí es donde empiezan los problemas.
Están aquellos que te incluyen y que vos seas la perspectiva de género, tu sola presencia lo es. Y de repente, que yo en Madhouse puedo hacerlo, lo que yo quiero es hablar desde otro lugar, yo quiero hablar de Megadeth, a mí me gusta Megadeth, no quiero hablar solo de bandas de mujeres porque a mí, en definitiva, lo que me gusta es el metal. Yo respiro metal. No solo trabajo con Furias, sino que también trabajo con bandas de varones.
Hay una voluntad de querer incluir la cuestión, pero no sé si hay tanta voluntad de aprender cómo incluirla.
:Es que de eso se trata, como dice el crítico de medios Omar Rincón, lo que hay que hacer es anti-periodismo porque los periodistas en su formación no incluyen enfoques de género, no saben cómo aplicarlos. Y ahí entra la militancia desde los derechos humanos, el enfoque de género, rompiendo con ese falso debate del periodismo objetivo y ya hay algunos medios en esa ruta, ¿Cómo percibes estas formas de comunicación?
A veces como que se suben a una ola discursiva, pero no a una ola de acción o de convicción. Creo que ahí está el problema. Sí, celebro cuando las iniciativas suceden, pero siempre muy críticas. Para mí, el periodismo que llaman objetivo no existe. Siempre hay un lugar de enunciación que es subjetivo, y esa subjetividad que decide hacer, o correrse del discurso en tanto subjetividad, también es una decisión. Creo que tendría que haber talleres de género en los medios, como de derechos humanos también, y de todas las causas de las que se pretende hablar tendría que haber por lo menos una lectura común, una puesta en discusión y una toma de decisión colectiva que permita decidir cómo se van a trabajar ciertas temáticas. Creo que eso es lo más sano.
¿Cómo esperar que eso pase en un nivel alto de comunicación formal?
Haciendo metástasis. Lo que pasa es que alguien tiene que marcar lo que está bien y lo que no, después que el medio decida lo que haga, pero por lo menos intentar venderles un taller de género. De nuevo, no conozco ese nivel, de hecho, nosotros en la revista estamos desde un lugar autogestionado, no hay auspiciantes, nadie nos paga el tiempo que le dedicamos. Lo hacemos porque la mayoría somos exlectores de la revista y algunos son excolaboradores de la revista que fue súper importante en los noventa, principios del 2000, y sabemos que dentro de nuestra cultura todavía ese nombre tiene un peso específico, pero en la estructura es como cualquier otro medio autogestionado.
Me parece que la mirada crítica construye y me encantaría que alguien lo hiciera también conmigo, que por suerte hay compañeros que lo hacen. Son lugares cómodos para estar porque nadie va a defender a un violador. Se habla del tema, se discute. Lo mismo pasa con algunas bandas que me han contactado para hacer un coach de género, para modificar su discurso y aprender a dirigirse no solo al grupo de chavones del metal, sino también a su base de seguidoras mujeres. Ver bandas que empiezan a escribir con la “x” inclusivamente, qué bueno que esto pase. Esto habla de un cambio, de que hay una buena voluntad, aunque hay quienes piensen que con la sola buena voluntad no alcanza y evidentemente no alcanza, porque el problema no se va a solucionar de la noche a la mañana, ni los chavones le van a dejar de pegar a las pibas de la noche a la mañana, pero sí me parece que hay que hablar.
Sobre la hipersexualización, es difícil escaparle. Es difícil escaparle a ese primer instinto de comentar sobre el cuerpo de una mujer y ahí es donde entra lo del coach, para evitar ese tipo de palabras. No te digo que no las digas en tu intimidad, con tus amigos, pero en el instante que vos hablas para afuera no tenés que colocarte en ese lugar. Cuesta que lo internalicen, pero a mí lo que me pasó en el programa de radio fue que cada vez que yo escuchaba algo que no me gustaba lo decía, hasta al aire lo decía.
Por un lado, tenés al medio de comunicación que es formal, pero después tenés las redes sociales, estos grupos de facebook, las páginas de memes del metal, todas esas cosas que también operan mediáticamente sin ser medios y ahí es más difícil de frenar, de combatir, porque no hay una identidad o una persona que sepas que está atrás. Una de las cosas que pasó fue que entre chicas se fueron avisando sobre la existencia de una página en facebook que agarraba fotos de metaleras y las subía sin preguntarles. Varias amigas aparecían en esa página, empezaron a pensar en una solución y denunciaron masivamente. Lo loco era que habían años de archivos de fotos en donde, ponele, el 10% había pedido estar ahí. La página se bajó dos días, borraron todo y solo se quedaron con las fotos de las personas que autorizaron. Fue todo un asco porque una amiga descubrió que había fotos de ella del 2016.
El metal también tiene medios de comunicación que los hacen chavones de 50 años y el cambio para esas personas es más difícil que llegue porque es la propia resistencia al paso del tiempo, que también ocurre mucho en el metal cuando se habla del verdadero y falso metal.
También hay muchos medios, y redes, con gente joven que sigue reproduciendo y es impensable hablarles de estos temas. Personas jóvenes que definitivamente no les interesa abordar los hechos desde una perspectiva crítica, y parece que no hay modo de que cambien la perspectiva.
Ahí estamos hablando de gente que no tiene formación alguna. En el metal sucede que muchos queremos tener nuestro propio medio y difundir metal, pero no hay una conciencia sobre lo que es dirigirse a otro desde un medio de comunicación; es reproducir la misma charla que tenés en el bar o en el concierto en una radio y pasar las mismas 8 canciones de las bandas que te gustan.
Los metaleros construimos en el metal nuestros lugares de seguridad, y hay algunos que no saben ni quieren aprender otras cosas, sino solo estar en el lugar donde se sienten seguros y poderosos. El tema es que no lastimen a los demás en su reproducción de prácticas.
Noelia, muchas gracias por aceptar esta entrevista que como medios aliados hacemos Metal to the Bone y Paroxis Histérica Podcast. Esperamos seguir conversando contigo.
Muchas gracias a ustedes, seguimos en contacto.



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