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Entrevista a Rosemary Hill, investigadora y profesora titular de la Universidad de Huddersfield

Actualizado: 4 sept 2025

A continuación se presenta la entrevista transcrita de Rosemary Lucy Hill, realizada en una alianza de medios con Cucho Córdoba del blog Metal to the bone.


Rosemary Hill es profesora titular de Medios de Comunicación y Cultura Popular de la Universidad de Huddersfield, ha escrito diversos artículos sobre metal y género, y es la autora del libro ‘Gender, Metal and the Media: Women Fans and the Gendered Experience of Music’. Junto a Paroxis Histérica se tuvo la oportunidad de contactarla, compartiéndonos diversos temas que ha tratado en sus textos como el sexismo en el metal, la libertad de expresión y el mito de la igualdad, entre muchas otras cuestiones.


Sobre tu primer encuentro con el metal y las primeras bandas que escuchaste, ¿qué nos puedes compartir?


Creo que probablemente la primera banda que escuché, que sabía que definitivamente era metal, fue Metallica. Mi hermano me puso ‘Enter Sandman’ y escuchábamos mucho el ‘Black Album’. Ese fue un momento en el que todos mis amigos estaban escuchando a Nirvana, así que me sentí realmente genial de estar escuchando algo más pesado que eso. Y luego, un poco más tarde, escuché Black Sabbath en un programa de televisión y estaba absolutamente enamorada de esta banda. Después comencé a escuchar a Led Zeppelin también. Megadeth era una de mis bandas favoritas cuando era más joven. Luego tuve un poco de tiempo en lo que he llamado Indie Wilderness, donde escuché mucha música Indie porque eso era lo que les gustaba a mis amigos, y no volví a escuchar metal hasta que escuché The Darkness alrededor de 2003 o 2004.

Rosemary Hill
Rosemary Hill. Foto de sus redes sociales.

¿Cuándo surge tu interés por investigar sobre el metal y, en particular, sobre los estudios de género dentro del metal?


Por ese mismo tiempo comencé a interesarme en investigar sobre el metal y, en particular, en pensar en los estudios de género y el metal. Entonces, en ese momento, entre 2003 y 2004, comencé a escuchar más metal nuevamente y mi compañero estaba escuchando cosas como Lamb of God y Meshuggah. Realmente no me gustaron; Prefería a Van Halen si soy honesta contigo (risas). Sabía que iba a volver a la Universidad a hacer una maestría en Estudios de Género o Estudios de Mujeres, y estaba interesada en el fandom de la música rock y estaba leyendo la revista Kerrang, y fue la representación de las fans, las fans femeninas en particular lo que me hizo pensar: “Oh, eso es un proyecto” y pensar realmente en cómo se retrataba a las mujeres como personas a las que se les tenía en cuenta de manera sexual y simplemente como groupies, no como gente que se tomaba la música en serio. Como si las cosas no hubieran cambiado desde los años 60. Eso es realmente decepcionante. Eso sería por los 2006, 2007. Así es como comencé a hacer esa investigación.


Acerca del mito de la igualdad, ¿qué debemos entender por este mito en el contexto de las escenas del metal?


El mito de la igualdad es una idea que surge de mi investigación en la revista Kerrang y, en particular, de la representación de los fanáticos. Descubrí, cuando estaba mirando las páginas de cartas de Kerrang, que había una idea que la gente tenía, acerca de que el metal es un lugar increíble donde no importa si eres negro o blanco, hombre o mujer, gay o heterosexual, discapacitado o sin discapacidad, no importa la edad que tengas, si te gusta el metal estás en el grupo, y no importan esas otras cuestiones. Esto fue realmente interesante para mí porque en las mismas páginas de cartas también veías a las mujeres representadas solo como groupies y fanáticas, y también veías representaciones explícitas de la desigualdad y la mayoría de las personas que estaban en las bandas eran hombres, por ejemplo. Comencé a ver que, en este sentido, la revista Kerrang estaba actuando como un guardián de este mito, mantenía vivo este mito, así que cuando la gente discutía y decía, “oh, en realidad es bastante sexista el metal”, entonces imprimían una carta al lado que decía: “No, definitivamente no es sexista” y luego ese pedazo “no es sexista” sería la carta de la semana, por ejemplo. Así que realmente el mito de la igualdad es este sueño mitológico del metal que tanta gente tiene, que es esta maravillosa comunidad de la que cualquiera puede formar parte mientras le guste el metal. Pero realmente no es así. En realidad, lo que pasa es que si eres hombre, heterosexual y blanco, estando en el Reino Unido, estas cosas te ayudan a ser parte de la comunidad y si no encajas en esas categorías, es más probable que te encuentres por fuera de escena, marginado, ignorado, que no te permitan unirte a bandas, por ejemplo. O simplemente enfrentarte al sexismo, el racismo y la homofobia. Ese es el mito de la igualdad.


Hablas de la desconexión que existe entre el no reconocimiento de los fans sobre el sexismo dentro del metal y los argumentos de la academia donde se evidencia la existencia del sexismo dentro de este género musical. ¿Cómo hacer para que esta desconexión sea lo más baja posible y que los fanáticos del metal reconozcan qué situaciones dentro del metal son sexistas?


Esa es una pregunta realmente interesante. Creo que en realidad el trabajo que está haciendo Metal to the Bone es parte de ese trabajo de tratar de reducir esa desconexión. Parte del problema es que el sexismo está realmente normalizado y, ciertamente en el Reino Unido, y por lo que sé sobre Colombia es similar… el trasfondo diario de nuestras vidas donde los hombres son privilegiados y las mujeres se encuentran en desventaja y enfrentan prejuicios en todas las formas posibles. El hecho de que el sexismo esté tan normalizado es un problema porque tenemos que empezar a crear conciencia. Cuando digo “empezar” me refiero a “continuar” con el trabajo que hacemos para crear conciencia sobre algunas de las formas en que el hombre y la mujer se construyen socialmente de diferentes maneras o cómo se organizan algunas circunstancias para asegurarnos de que los hombres se encuentren en ventaja o que las mujeres estén en desventaja. Este es el tipo de cosas que debemos seguir haciendo y eso no es solo dentro del metal, es en general en toda la sociedad. Pero creo que también tenemos un problema en el metal porque hay argumentos de que el feminismo no es necesario en el metal, que el feminismo va demasiado lejos, se interpone en el camino, “no es divertido” o se pone de presente el clásico de la figura de la ‘aguafiestas feminista’. Y eso también puede tener asociaciones con el activismo de hombres de la derecha.


Creo que lo que podemos hacer al respecto es desafiarlo si nos sentimos seguros de hacerlo, desafiar ese tipo de ideas y comportamientos, pero no es fácil. Como digo, medios como Metal to the Bone están haciendo un muy buen trabajo, desafiando esa desconexión, reduciendo esa desconexión, llevando una mayor comprensión de la dinámica de género dentro del metal a una audiencia más amplia y, por supuesto, apoyando algo del increíble metal feminista, ya que las bandas están haciendo un trabajo similar para cambiar la narrativa sobre el feminismo dentro del metal y ver eso es realmente emocionante. Cualquier cosa que podamos hacer para apoyar a esas bandas, es una buena idea.


Pasemos al tema de la libertad de expresión y la legitimación de la violencia sexual masculina contra las mujeres en la música (incluido el metal), ¿cuáles son los obstáculos que encuentran las mujeres cuando quieren abordar esta discusión?


Sobre el tema de la libertad de expresión en el metal, junto a Heather Savigny, volvimos y miramos una pieza realmente importante de la historia del metal que fue la Audiencia del Senado en los EE. UU. en 1985, con el P.M.R.C. (Parents Music Resource Center), y escribimos sobre ello. Lo que querían era poner pegatinas o sellos en los lanzamientos (álbumes por ejemplo), advirtiendo a los padres que parte del lenguaje del lanzamiento podría ser inapropiado para los niños, y también preferirían tener la letra de los lanzamientos disponibles para que los padres pudieran leerlos y tomar su propia decisión sobre si eran adecuados para sus hijos. Entonces, tuvieron una audiencia sobre esto en el Senado. Frank Zappa, Dee Snider, John Denver, todos hablaron en contra del P.M.R.C., pero Frank Zappa en particular mencionaba que si se coloca estas pegatinas en los discos y se ubica la letra en el exterior de la carátula del disco o las pone a disposición de todos modos, que esto desafiaría la libertad de expresión de los artistas. Encontramos este argumento realmente problemático, porque básicamente decían que querían poder seguir cantando canciones sobre dañar a las mujeres, incluida la violación de mujeres, con impunidad, y no estaban pensando en el daño que esos álbumes estaban haciendo potencialmente. Sin embargo, cuando hablábamos de daño, es importante aclarar que en las décadas de 1980 y 1990 hubo mucha investigación sobre el daño que el metal podría estar haciendo a los hombres jóvenes y si los haría salir y convertirse en consumidores de drogas, satánicos (risas), alcohólicos y violadores.


Esa evidencia no se acumuló al final, pero lo que Heather Savigny y yo argumentamos es que hay diferentes tipos de daño que hacen este tipo de canciones, y que se trata de normalizar y legitimar ideas sobre lo que cuenta como una relación heterosexual normal o lo que cuenta como una forma normal de convencer a una mujer de que tenga relaciones sexuales con un hombre. Y este tipo de cosas que se normalizan son realmente problemáticas; entonces, en nuestro trabajo posterior con Daisy Richards hablamos sobre las canciones de rock y metal mainstream, y la forma en que retrataban las relaciones heterosexuales. Fue un trabajo realmente desalentador. Estábamos leyendo letras que básicamente trataban de engañar a las mujeres y decirles que estaban locas. Estábamos leyendo letras en las que los hombres estaban excitados y explotando a las mujeres haciéndoles gaslighting y retratándolas como locas, o explotando a mujeres que ya tenían problemas de salud mental. Vimos la objetivación, las mujeres simplemente convertidas en partes del cuerpo o fichas que podrían intercambiarse por otras mujeres, como si las mujeres no tuvieran sus propias personalidades o almas o lo que sea, simplemente intercambiables. También la infantilización, el tratar a las mujeres como a niñas. Entonces, hubo problemas realmente serios en algunas de estas canciones que formaban parte de la lista de rock y metal del Reino Unido. Fue realmente decepcionante pensar que estas son las canciones que están llegando a lo más alto de las listas.


Y preguntas sobre los obstáculos que encuentran las mujeres cuando quieren abordar esta discusión. Bueno, este es el clásico de la “aguafiestas feminista”, ¿no es así? Si quieres hablar de estas cosas, entonces no tienes sentido del humor. Creo que este discurso se está apagando un poco para ser honesta contigo, pero la idea de que “debes vivir y dejar vivir”, “no lo dicen en serio”, “es solo una broma”, en realidad son excusas que usan para restarle importancia a la seriedad de lo que está sucediendo, para hacer que la mujer se sienta pequeña y como si no fuera parte de las cosas. Cuando hablaba antes del mito de la igualdad y quién es más probable que termine siendo marginado, si eres mujer y te opones a algunas cosas desagradables que estás escuchando o alguien te está tocando, el simple hecho de estar en la posición en la que te opones puede significar que estás al margen de las cosas, que estás renegando de la identidad del grupo, como diría Sonia Vasen. Por lo tanto, es más probable que consolides tu marginación en ese sentido y esto es un obstáculo bastante desafortunado. Habiendo dicho eso, la gente está hablando más sobre los problemas de este tipo de representaciones y es realmente emocionante escuchar eso. Keith Kahn-Harris y yo hicimos un podcast llamado Disenchanted, por ejemplo, donde abordamos explícitamente algunos de estos problemas. Y eso ha sido bien recibido.


¿Cuál es la importancia de los estudios de género en la música metal?


Como directa involucrada en estos estudios de género, estoy obligada a decir que son “muy importantes” (risas). Hace unos años, Brian Hickam y Jeremy Wallach hicieron una investigación que exploró cuántas mujeres había en la academia mirando el metal y cuán importante era que trabajaran en los estudios de género para establecer los estudios del metal como un campo de estudio que estaba dispuesto a mirar sus defectos. Entonces, los estudios de género fueron una señal de que los estudios de metal estaban dispuestos a mirar los aspectos negativos del género. Eso ha sido importante y sigue habiendo nuevas y emocionantes investigaciones de estudios de género sobre el metal. Creo que es importante que el trabajo sobre cualquier género musical esté dispuesto a analizar los aspectos negativos de lo que está sucediendo con él. Si solo celebramos lo bueno del metal -que por supuesto, hay mucho que celebrar- entonces no estaremos contando toda la historia. Pero creo que una de las cosas académicamente emocionantes sobre el metal es que es un área tan fructífera para explorar el género. También debo decir que la mayor parte del trabajo sobre género se ha realizado acerca de la relación de las mujeres con el metal, sería bueno ver más sobre las masculinidades del metal y explorar las experiencias de los hombres al crecer como hombres y cómo las masculinidades de varios tipos los han llevado al metal o se han cruzado con su fandom del metal. Pero hay algunas cosas buenas de Paula Rowe sobre un joven en Australia. Me encantaría ver más cosas, así que si alguien quiere hacer un doctorado en Metal y Masculinidad, diría “adelante”, eso es muy importante.


¿Puedes contarnos sobre tu trabajo como parte del grupo de investigación Healthy Music Audiences?


Healthy Music Audiences es un grupo que dirigí con David Hesmondhalgh y Molly Megson donde trabajamos con otras organizaciones como Leeds Girl Gang y Leeds Music Hub, Good Night Out, The Musicians Union, White Ribbon. Comenzamos simplemente descubriendo cuáles eran las experiencias de las personas al ser manoseadas o agredidas sexualmente en los conciertos. Además de eso, hablamos con los gerentes de los locales y los promotores de música para averiguar cuáles fueron sus experiencias y qué hicieron cuando ocurrieron los incidentes durante su vigilancia. Lo que descubrimos fueron algunas historias horribles sobre agresiones sexuales y personas que intentaban reportar a la familia, la seguridad en los lugares, el mal personal, promotores y personas que simplemente se mostraban despectivas. Las personas iban a informar que habían sido agredidas sexualmente y luego les decían cosas como: “¿Qué esperas que hagamos al respecto? Porque ya se ha ido, así que no podemos hacer nada al respecto”, “Bueno, estas cosas pasan” o “En mi época estas cosas solían pasar todo el tiempo”. Estas respuestas displicentes fueron realmente traumáticas para las personas que habían sido agredidas.


Por lo general, los lugares y los promotores simplemente no sabían qué hacer y se preguntaban si deberían estar investigando para descubrir la verdad del asunto. No sabían cómo apoyar a las víctimas o sobrevivientes, realmente estaban dando vueltas en la oscuridad, no tenían ningún tipo de política sobre qué hacer cuando sucedía algo, no sabían a quién llamar y en caso de que llamaran a la policía, ni idea. Luego, la investigación nos llevó a trabajar con lugares y Good Night Out, que es una organización de capacitación en el Reino Unido, para asegurarnos de que los lugares tuvieran la capacitación adecuada que necesitaban para lidiar con cualquier incidente. Eso comienza con creer en las víctimas, en lugar de tratar de establecer la verdad del asunto. En realidad, lo que descubrimos es que es muy difícil denunciar algo cuando crees que no te creerán, cuando lo más probable es que estés diciendo la verdad. Y de todos modos, es un riesgo enorme dejar a un potencial perpetrador de violencia sexual en ese lugar musical que frecuenta. ¿Qué pasa si se lo hacen a otra persona, entonces tienes otra víctima en tus manos? ¿Qué pasaría si volvieran a dañar a la primera persona? ¿Y si solo verlos dañara a esa primera persona de nuevo?


Es un riesgo muy alto y para los lugares es una cuestión de reputación: no quieren que su lugar tenga la reputación de que la violencia sexual ocurre en sus eventos. La gente habla de eso y obtienes una red de susurros. Donde lo hicimos, investigué que había lugares de los que la gente hablaba cosas como: “Realmente no quiero ir a ese lugar por lo que le pasó a un amigo”. También un grupo de promoción dijo: “No haría conciertos en ese lugar porque sé lo que pasó en el pasado”. Entonces, frente a ese tipo de problemas de reputación, simplemente no creo que valga la pena que los lugares se arriesguen. Así que hicimos arreglos para que los lugares tuvieran entrenamiento. También trabajamos y creamos una guía sobre cómo redactar una política de espacios más seguros. Esto se debe a que muchos lugares hablan bien en términos de espacios seguros, pero sus políticas reales no eran muy buenas o realmente no tenían una escrita, la gente no sabía qué hacer cuando sucedía algo. Así que Creamos una guía y pueden encontrarla en http://www.safespaces.org.uk. Ese es el Healthy Music Audiences Research Group y pueden visitar el sitio web para obtener más información.


¿Bandas de metal feminista que conozcas y qué bandas podemos encontrar en tu playlist?

Escucho algunas bandas de metal feminista, unas geniales como Venom Prison, Svalbard y Employed to Serve. También escucho mucho a Chelsea Wolf, Lingua Ignota, Darkher, Ihsahn y Enslaved. Se me cruzan muchas preguntas en la mente cuando escucho a Ihsahn y Enslaved.

 
 
 

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